El Grito de los Derechos Humanos

El Grito de los Derechos Humanos es un periódico fundado en 1991, especializado en la defensa y promoción de las potestades y garantías individuales y sociales de los mexicanos en lo económico, político y cultural. Es expresión de un compromiso con los derechos humanos adquirido por su director fundador, el periodista Fausto Fernández Ponte. Esta edición digital es realizada por Ana Velázquez de León, Andrés Amador, Carlos Chávez, Manuel Hernández, Juan Ledesma y Adriana Barbosa.

martes, octubre 17, 2006

LOS HUMANOS Derechos

SOBERANES

y la Bioética


En pocos ámbitos como en el de la bioética, los derechos humanos muestran con tal fuerza su función de constituir el paradigma ético de nuestro tiempo, afirmó en la UNAM José Luis Soberanes, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Esas garantías, explicó el ombudsman, se vinculan íntimamente con los desafíos planteados por la biotecnología. Esta relación se hace aún más apremiante si se toma en cuenta que lo que está en juego no sólo son las estructuras sociales y las relaciones de poder entre los individuos, sino, incluso, la transformación y manipulación de la constitución biológica del ser humano.

Tomando como referente la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, aprobada el 19 de octubre de 2005 por la Conferencia General de la UNESCO, y la manera concreta en que en ella se integra el concepto de dignidad humana, dijo que su función es servir como referente ético para médicos, legisladores, jueces, funcionarios públicos o, en general, para los comités de bioética conformados en los distintos países, para permitir o rechazar ciertos tipos de prácticas o técnicas relacionadas con la ciencia de la vida.

Añadió que el problema central que se genera al hablar de dignidad, consiste en que en el fondo se aborda el problema fundamental del ser humano. Más aún, al recurrir a ese concepto no sólo se reflexiona sobre lo que el hombre es, sino que además se está diciendo algo sobre él.

José Luis Soberanes –quien fue presentado por Juliana González, profesora emérita de la FFyL– comentó que de la dignidad se derivan cuatro exigencias éticas, que permiten establecer de una manera más precisa las fronteras y los límites que ninguna práctica biotecnológica debiera rebasar, si es que pretende respetar ese principio.

La primera, la inalienabilidad. Cuando la vida, la libertad y el honor de la persona son susceptibles de traducirse en pesos y centavos se vulnera irremediablemente su dignidad, pues a partir de ese momento la medida para juzgarla será la ley de la oferta y la demanda y no su valor intrínseco. El resultado de este proceso es la cosificación de la persona, reduciéndola, por tanto, a la voluntad y poder adquisitivo de los más poderosos, añadió.

En el campo de la bioética, recalcó, dicha exigencia cobra sentido en tanto impide de manera general que se comercie con las personas, así como con sus órganos, tejidos y células, entre otros.

Segunda, la ininstrumentalidad, pues reclama la irreductibilidad de la persona, es decir, que su valor no puede ser reducido o supeditado a otra instancia bajo ningún concepto. Al conllevar todos los hombres la misma dignidad, comparten también igual valor. Es una de las exigencias que mayor relevancia cobra en el campo de la bioética, pues en términos generales prohíbe instrumentalizar o sacrificar a cualquier individuo de la especie humana para obtener cualquier fin que le sea ajeno a éste, por muy nobles o rentables que éstos puedan ser, detalló.

La tercera, la inviolabilidad, que sostiene que cada ser debe ser tomado en cuenta en aquellas decisiones que le puedan afectar de manera directa o indirecta. Como resulta evidente, en el campo de la bioética sirve para fundamentar la figura del consentimiento libre, expreso e informado de la persona para ser sometida a cualquier intervención médica o para ser utilizada en cualquier investigación científica; un problema mayor surge en el caso de aquellas carentes de la capacidad de darlo.

Por último, resaltó el ombudsman, la insustituibilidad de la persona humana, ya que la dignidad finalmente exige la comprensión fundamental de que cada hombre, por más pequeño e insignificante que éste pueda parecernos, es único e irrepetible. En bioética puede tener varias manifestaciones, desde el respeto a la privacidad y confidencialidad de la información genética que cada persona tiene, la prohibición tajante de discriminar a alguien por sus características, hasta la prohibición de la clonación con humanos. (www.unam.mx)