El Grito de los Derechos Humanos

El Grito de los Derechos Humanos es un periódico fundado en 1991, especializado en la defensa y promoción de las potestades y garantías individuales y sociales de los mexicanos en lo económico, político y cultural. Es expresión de un compromiso con los derechos humanos adquirido por su director fundador, el periodista Fausto Fernández Ponte. Esta edición digital es realizada por Ana Velázquez de León, Andrés Amador, Carlos Chávez, Manuel Hernández, Juan Ledesma y Adriana Barbosa.

martes, octubre 17, 2006

EL SINDICALISMO

Víctor Antonio Gardoqui Zurita

Desde su aparición como forma de organización de la clase trabajadora en el mundo, el sindicalismo ha tomado las variantes propias de la historia y de los espacios geográficos que ha venido ocupando.

Por ello, no es posible la comparación entre un sindicalismo polaco, como el de Solidaridad, que lucha, encabeza y logra la liberación de su pueblo contra la poderosa fuerza de intervención rusa, y un sindicalismo corrupto y puesto a la disposición de los intereses del patrón y del Estado, como por desgracia ha venido sucediendo en nuestro país, en lo que lleva de existencia esta clase de organizaciones sociales, salvo honrosas excepciones.

Las dos fuerzas de la producción: el capital y el trabajo, requieren trabajar en armonía y concordia, para así generar la dinámica suficiente que le permita a la organización o institución alcanzar las metas que se ha fijado.

A través de los siglos, las fuerzas del capital, de manera por demás egoísta y estúpida, han cometido excesos que han dado origen al nacimiento de los movimientos de la clase trabajadora, en defensa de sus derechos más elementales.

Por otro lado, las fuerzas sindicales también han caído en los excesos de abusar de sus propios integrantes, como cualquier caníbal que se come a sus semejantes. Esto quizá sea aún más grave que el hecho del abuso del patrón sobre el trabajador.

La Revolución

El asunto sindical en nuestra nación ha ido de la mano con los acontecimientos y con los personajes de las distintas épocas en las cuales ha y está existiendo.

Desde sus principios, los nacientes sindicatos sufrieron las consecuencias del movimiento revolucionario iniciado por Francisco I. Madero en 1910.

Se puede decir que les toca nacer en el momento más difícil de la República en los albores del siglo XX, cuando las clases sociales se enfrentaban en una tremenda lucha por subsistir y acabar con una dictadura del general Porfirio Díaz de más de 40 años en el poder.

Su participación en el movimiento revolucionario se puede decir que fue apenas significativa, ya que el gran peso de la lucha la sostuvo la clase campesina, que era la predominante en México por razones obvias y acordes a su desarrollo económico.

Podría decirse acaso de que la participación de los trabajadores organizados en la Casa del Obrero Mundial -los llamados Batallones Rojos- en las batallas del Bajío en 1915, que decidieron la suerte de la revolución, cuando los ejércitos comandados por el invicto general Álvaro Obregón, derrotaron a la mundialmente famosa División del Norte, al mando del general Francisco Villa, es el único hecho histórico de ese periodo que tendría el calificativo de relevante.

Se dice que estos batallones rojos fueron entrenados por oficiales norteamericanos y que el armamento que utilizaron fue el que llegó a este puerto de Veracruz durante la ocupación yanqui, de abril a noviembre del año anterior, es decir, 1914, pero esa es otra historia que después comentaremos.

En estas batallas, el general Obregón sufrió la pérdida de un brazo, por lo que a partir de ese momento pasó a ser conocido en las páginas de la historia como "El manco de Celaya".

Villa jamás se recuperó de estas derrotas y finalmente se rindió al gobierno de Adolfo De la Huerta, pasando a vivir a la hacienda de Canutillo, para ser finalmente asesinado en Parral.

Obregón corrió la misma suerte, al caer abatido por León Toral en el restaurante de La Bombilla, en el Distrito Federal, cuando la diputación de Guanajuato lo agasajaba como Presidente electo, o mejor dicho, reelecto.

Al concluir la lucha armada y nacer el llamado "sistema político nacional", ideado por el general Plutarco Elías Calles, las clases obreras se acomodaron como una parte muy importante en el partido político oficial (PNR hoy PRI) que estaría en el poder por 70 años. Nace el corporativismo y con él los famosos "líderes charros".

Las estructuras sociales nacientes dan entrada a una clase obrera que reclama posiciones en el nuevo México, que empieza a luchar por su industrialización y modernización en el concierto de las naciones del mundo.

La etapa del desarrollo estabilizador afianzará a estas estructuras obreras, en lo particular a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) que llega a jugar un papel importantísimo en la vida política del país.

Y así ese equivocado modelo del sindicalismo obrero llega también a otras capas sociales como la de los maestros mexicanos, hoy en día la estructura sindical más fuerte en América Latina.

Los sindicatos entonces aparecen ante la percepción popular como sinónimos de corrupción, de hechos violentos y de complicidad con las autoridades y los patrones, alejándose por completo de sus principios de norma y de ética. Los actuales hechos de Oaxaca pueden ser una muestra por demás clara de todo esto.

La Actualidad

Resulta verdaderamente irónico que siendo los obreros y maestros piezas fundamentales en el organismo político revolucionario, cuyo principio elemental es el "sufragio efectivo y la no reelección", sean casualmente las organizaciones en donde menos se aplican estos "dogmas revolucionarios".

En los albores de un posible cambio democrático en México, el verdadero sindicalismo juega un papel predominante. México en 2006 no es nada parecido al México de 1910.

Los sindicatos tienen que ocupar el lugar que históricamente les pertenece en el llamado "cambio democrático". Igual papel corresponderá a los patrones, cuya responsabilidad social siempre ha sido cuestionada por sus críticos.

La gran pregunta es que ¿estarán a la altura de las circunstancias ambos actores? Ojalá y que la respuesta sea un sí rotundo, aunque los recientes acontecimientos demuestran todo lo contrario.

El sector patronal tomó partido por el candidato oficialista y el sindicato más poderoso formó su propio partido para evitar que llegase al poder al que históricamente había venido apoyando.

La nación, como lo afirma Carlos Fuentes, no solamente está dividida, sino confrontada.

Ya que la historia se repite, bien podríamos estar, si no se adoptan las actuaciones necesarias y correctas, a las puertas de un nuevo gran movimiento social que sacuda las estructuras obsoletas de la nación, para darle espacio a nuevas formas de conducir a México al lugar que debe ocupar en el mundo, con sindicatos en los que sus dirigentes se preocupen por sus agremiados y no los líderes por su carrera política y sus riquezas personales.

victor@gardoqui.com